El ceviche, con sus variaciones globales, conquista paladares por su frescura y explosión de sabores cítricos y picantes. Su popularidad radica en la simplicidad saludable, adaptabilidad y raíces culturales compartidas en regiones costeras.
Ceviche Peruano
Considerado el original y más puro, usa pescado crudo como corvina marinado brevemente en limón, con cebolla roja, ají limo y leche de tigre. Se acompaña de choclo, camote y canchita, destacando su UNESCO como patrimonio peruano.
Se ama por su equilibrio ácido-picante y frescura inmediata, símbolo de identidad nacional.
Ceviche Ecuatoriano
Más soposo, con mariscos cocidos (camarón común) en caldo propio, jugo de naranja, tomate, mostaza y cebolla. Variantes como Manabí incluyen pasta de maní o aguacate; se sirve con chifles o maíz tostado.
Su atractivo está en la calidez reconfortante y toques dulces, ideal para climas tropicales.
Ceviche Mexicano
Preparado con camarón, pulpo o pescado en limón, tomate, cebolla, cilantro, chile serrano y pepino; a menudo con aguacate o ketchup en cócteles. Se come en tostadas o copas, como en Acapulco o Sinaloa.
Es adorado por su versatilidad picante y como botana refrescante en playas.
Ceviche Chileno
De halibut o lenguado en lima y pomelo, con ajo, merkén, menta y cilantro; sur con salmón. En Isla de Pascua, atún con coco. Acompañado de pan o galletas.
Su frescura marina y especias ahumadas lo hacen irresistible en costas frías.
Ceviche Polinesio (Poisson Cru)
De atún o pez blanco en limón y leche de coco, con cebolla, pepino, zanahoria y chile. Común en Tahití, Hawái y Pacífico Sur; versión filipina kinilaw usa vinagre.
El coco cremoso tropical lo vuelve adictivo, evocando paraísos isleños.
Otras Variaciones
En Colombia, con mariscos, tomate y mayonesa sobre crackers; Costa Rica con culantro y ginger ale; Panamá con chombo picante. Caribe (Puerto Rico) añade coco; Centroamérica usa concha negra.
Razones de su Amor Universal
Es ligero, saludable (proteínas crudas “cocidas” por ácidos) y personalizable, adaptándose a dietas veganas o fusiones. Su origen ancestral une culturas pacíficas, y el boom gastronómico lo globaliza vía restaurantes y redes. La UNESCO eleva su estatus cultural, atrayendo turistas y foodies.
